Para poder presumir de que la grafología está considerada, actualmente, una técnica con base científica, los grafólogos tenemos la responsabilidad de adaptarnos a los paradigmas y modelos imperantes en la psicología de hoy.
Por ello, la grafología actual no puede entender que la personalidad completa se refleja solamente en una firma o en el simbolismo aislado de un único gesto o de una letra.
No puede basar la interpretación de la personalidad únicamente en factores temperamentales.
Tampoco puede interpretar un rasgo de la personalidad de forma independiente a otros muchos con los que dicho rasgo interacciona.
Y debe evitar considerar la evaluación de la personalidad independientemente del contexto en el que el individuo se desenvuelve.
Nuestra personalidad no está parcelada en compartimentos estancos.
Cada rasgo de nuestra personalidad está influido por otros e interacciona con otros tantos.
Nuestra forma de ser no se basa únicamente en cómo somos, sino en lo que vivimos, lo que sentimos, lo que creemos.
Se basa también en lo que hemos aprendido a lo largo de la vida, y en los modelos a los que seguimos o en las experiencias vitales que nos han marcado.
Y es esta personalidad global, compleja, compuesta por factores interrelacionados, genuina y única, la que retrata nuestra escritura y la que se interpreta con grafología.
Por lo tanto, si queremos realizar un análisis serio, prudente y actualizado de la escritura, debemos situarla dentro de un marco más amplio y actualizado: el modelo biopsicosocial.
El modelo biopsicosocial en las ciencias humanas
Este paradigma actual, en psicología y en ciencias de la salud, parte de una idea fundamental:
La persona no puede comprenderse desde una única dimensión.
La conducta humana, la personalidad, las emociones y, con ellas, la expresión gráfica, están condicionadas por la influencia e interacción de tres grandes dimensiones:
- Factores biológicos.
- Factores psicológicos.
- Factores sociales o contextuales.
Este modelo, aplicado a la grafología, implica que la escritura no debe interpretarse como un gesto aislado, medible, cerrado, independiente o automático.
La escritura debe entenderse como una manifestación multidimensional, flexible y compleja de la persona que escribe, en un momento concreto de su vida y dentro de un determinado contexto.
En la comprensión de esta complejidad radica también la diferencia entre el grafólogo mediocre y el grafólogo experto.
El primero se queda en el simplismo de la interpretación del gesto aislado.
El grafólogo experto, en cambio, es capaz de abordar el estudio de cada caso teniendo en cuenta la multidimensionalidad de la persona y un enfoque holístico, prudente y humano de la técnica grafológica.
La escritura como ente dinámico y global
Partamos de la razón de ser de la grafología como técnica interpretativa y exploratoria de la personalidad:
Escribir no es un mero gesto automático sin significado alguno.
En el acto de escribir, se están poniendo en marcha distintos procesos muy complejos:
- Los procesos cognitivos superiores y el sistema nervioso.
- La coordinación motora y visual.
- Los afectos y emociones.
- Los procesos psicológicos que han ido construyendo nuestra personalidad mediante modelos, aprendizajes, creencias, etc.
- La influencia del entorno social y cultural.
La base constructiva y los ingredientes de los que se ha ido alimentando cada personalidad son únicos e irrepetibles.
Por eso, cada escritura es única y diferente a cualquier otra.
Aún partiendo de la base de aprendizaje del mismo modelo caligráfico escolar, la escritura se automatiza y personaliza, a medida que crecemos, maduramos, sentimos y vamos construyendo nuestra propia personalidad.
El temperamento con el que nacemos de serie, que puede derivar de cierta base genética, se va puliendo a medida que incorporamos creencias, vivencias, sentimientos, aprendizajes, etc, en la mochila de nuestra psique.
Y esta evolución personal también provoca que nuestra escritura cambie, que se vaya adaptando a la coyuntura vital del contexto y el momento.
La escritura se convierte así en una expresión personal, tan única como una huella dactilar.
Y en un retrato dinámico, honesto y actualizado de nuestra forma de ser, en las distintas etapas vitales y en los diferentes contextos psicológicos y emocionales que nos toca vivir.
La escritura como expresión de la personalidad: el Yo y las circunstancias
La escritura manuscrita es un acto motor, psicológico y simbólico.
Cuando escribimos, no solo trazamos letras.
También organizamos el espacio, modulamos la presión, imprimimos ritmo, hacemos pausas, inclinaciones, tensiones, expansiones o inhibiciones y un largo etcétera de gestos plenamente inconscientes.
Desde la grafología, todos estos factores pueden aportar información sobre tendencias de personalidad, nivel de emotividad, formas de adaptación al entorno, energía psicofísica, capacidad de organización o modos de relacionarnos con los demás.
Pero esta interpretación debe hacerse siempre con mucha cautela.
Y, sobre todo, sin apartarnos u olvidarnos de la persona que escribe.
La escritura no habla por sí sola, si la separamos de la persona que la realiza.
Por eso, una grafología actual debe evitar las conclusiones tajantes, reduccionistas o descontextualizadas.
No basta con decir: “esta firma significa esto” o “esta letra indica aquello”.
El grafólogo debe preguntarse siempre:
¿Quién escribe?
¿En qué momento vital se encuentra?
¿En qué condiciones físicas, emocionales y sociales se produce esa escritura?
¿Qué contexto rodea ese gesto gráfico?
¿Qué factores pueden estar influyendo en el acto de escribir?
¿Qué condicionantes puede tener esta persona o este manuscrito?
Ahí es donde el modelo biopsicosocial aplicado a la grafología adquiere todo su sentido.
Es imposible separar a la persona de su contexto.
Tal como decía el filósofo Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mis circunstancias”.
Y ese mismo pack “Yo + Circunstancias” es el objeto de estudio tanto de la Psicología como de su compañera, la grafología.
Factores biológicos que influyen en la escritura
La escritura es un gesto neuromotor. Por tanto, puede verse condicionada por múltiples factores biológicos.
La edad, el estado de salud, la fatiga, el dolor, la medicación, los problemas visuales, las alteraciones neurológicas, las lesiones musculares o articulares, e incluso el cansancio físico puntual, pueden modificar la forma de escribir.
Una persona con artrosis, por ejemplo, puede presentar una escritura más rígida, temblorosa o irregular.
Una persona con fatiga intensa puede dejar caer las líneas, perder presión o mostrar menor continuidad gráfica.
Alguien que atraviesa una enfermedad neurológica puede reflejar alteraciones en la coordinación, en el ritmo o en la precisión del trazo.
Por eso, en un análisis grafológico riguroso, no podemos atribuir automáticamente una irregularidad gráfica a un rasgo psicológico, sin considerar antes si existe una posible causa física o biológica.
La pregunta no debe ser únicamente “¿qué significa este rasgo?”.
Hay que preguntarse también “¿qué puede estar condicionando este rasgo?”.
Factores psicológicos: emoción, personalidad y momento vital
La escritura también está profundamente influida por factores psicológicos.
Nuestro estado emocional, nuestra tensión interna, la ansiedad, el entusiasmo, la tristeza la impulsividad o la inseguridad pueden reflejarse en el gesto gráfico.
Y aquí también es necesario evitar interpretaciones automáticas o reduccionistas.
Un signo gráfico aislado o una firma descontextualizada no bastan para afirmar una característica de personalidad.
La grafología interpreta los conjuntos gráficos por convergencias e interrelación de rasgos.
Interpreta la coherencia interna del escrito y las posibles interferencias de factores exógenos.
No es lo mismo una escritura pequeña, ordenada y regular en una persona metódica y puntillosa, que una escritura pequeña, rígida e controlada en una persona que atraviesa un proceso de inhibición emocional.
El signo puede parecer semejante, pero el contexto cambia completamente su interpretación.
Por eso, el análisis grafológico debe integrar siempre el contexto psicológico de la persona:
Su momento vital, su estado emocional, su autoestima, su forma de afrontamiento, sus recursos personales y su historia de aprendizajes, entre otros muchos factores condicionantes.
Factores sociales y contextuales en la interpretación grafológica
El modelo biopsicosocial nos recuerda que ninguna persona vive aislada.
Todos estamos influidos por nuestro entorno familiar, cultural, educativo, profesional y social.
Y nuestra escritura, por supuesto, también está condicionada por ese entorno.
No escribe igual una persona que ha recibido una enseñanza caligráfica rígida que otra formada en modelos escolares más libres.
No presenta la misma soltura gráfica alguien acostumbrado a escribir a mano todos los días que quien apenas utiliza la escritura manuscrita.
Tampoco podemos interpretar de igual forma una escritura realizada en un examen, en una carta íntima, en un documento profesional o en una nota rápida escrita sobre la marcha.
El contexto social y cultural importa ¡Y mucho!
Por eso, la grafología actual debe tener en cuenta siempre factores contextuales o coyunturales tales como:
- El nivel educativo
- Los hábitos de escritura.
- El alfabeto nativo.
- La época histórica.
- La coyuntura y la finalidad del escrito.
- El tipo de útil escritor o de soporte.
- Las condiciones ambientales.
Precisamente, saber integrar a la persona que escribe dentro de su contexto, es una de las competencias más valiosas que debe tener un grafólogo profesional.
No se trata de atenerse meramente a la norma técnica de la grafología, sino de integrar en ella a la persona como ente cambiante, dinámico, no matemático, y añadir también al rigor científico de nuestro estudio un poquito de sentido común.
El conjunto gráfico: una clave esencial
Cuando analizamos una escritura, no debemos fijarnos únicamente en un rasgo concreto.
La interpretación grafológica exige integrar todo el contexto gráfico.
Esto incluye el tamaño, la forma, la presión, la velocidad, la inclinación, la dirección, la cohesión, la dirección, la distribución espacial, la relación entre texto y firma.
Cada signo solo cobra sentido dentro del conjunto.
Un árbol no puede ser comprendido sin el contexto del paisaje en el que se integra y del que se nutre.
Un paisaje que cambia del día a la noche, al pasar por las estaciones del año, zarandeado por los vientos o anegado por las lluvias…
Una persona no puede definirse por tres o cuatro rasgos de personalidad, sino por un amplísimo abanico de dimensiones que no están aisladas, sino que influyen las unas a las otras.
Sucede igual en la escritura.
Una presión fuerte no significa lo mismo si aparece en una escritura organizada, firme y fluida que si se presenta junto a rigidez, ángulos o descargas bruscas.
Una inclinación oscilante puede expresar sensibilidad, inestabilidad emocional o simplemente falta de control gráfico, dependiendo de otros factores del conjunto escritural general.
Por eso, el análisis grafológico no debe basarse en recetas automatizadas y cerradas.
Debe basarse en observación, integración, flexibilidad, conocimientos técnicos profundos y buenas dosis de empatía y sentido común.
Como siempre recuerdo a mis alumnos, en grafología nada es blanco o negro; nos movemos dentro de la extensa gama de grises.
La estructura de la personalidad: la llave de la interpretación
Y de igual forma que integramos los distintos parámetros del conjunto gráfico, también debemos integrar los distintos rasgos psicológicos que configuran la estructura de la personalidad.
Rasgos como, por ejemplo, el liderazgo, la psicopatía o la extroversión no se basan únicamente en definiciones exhaustivas o cerradas.
Cada rasgo de personalidad está definido por otros rasgos interrelacionados que lo configuran y dependen de otras muchas variables para poder ser interpretados con exhaustividad.
Nadie es solamente un líder. Un líder puede tener distintos estilos y, para cada uno de ellos, requiere una conjunción de determinados rasgos de personalidad.
Es decir, un rasgo de personalidad puede ser, en realidad, una suma de rasgos o competencias con multitud de variedades.
Una persona extrovertida puede que no evidencie este rasgo siempre.
Hay personas extrovertidas que se mueven con naturalidad en grupos grandes y de cualquier condición, y otras que son más selectivas para sus círculos sociales.
Tampoco podemos definir al psicópata sin tener en cuenta su contexto personal y social, simplemente porque se den en él un conjunto de rasgos psicológicos o rasgos.
De hecho, aún no se ha conseguido dar una definición unitaria de la personalidad psicópata.
Con esto quiero decir que, cuando analizamos a la persona, ya sea desde la psicología o desde un enfoque grafológico, no podemos olvidarnos de su carácter genuino y único, de sus infinitos matices, de su gama de grises.
Ningún rasgo psicológico ni grafológico se encuentra milimétricamente medido o definido.
La personalidad no se puede medir, no responde a un patrón general, sino que cada caso es único.
Una evaluación psicológica de la personalidad o un estudio grafológico serán siempre un estudio de caso; de un caso único e irrepetible, de un Yo y de sus circunstancias.
Hacia una grafología más científica, humana y actual
La grafología basada en el modelo biopsicosocial propone una mirada más amplia y responsable de la escritura como recurso evaluativo de la personalidad.
No se trata de reducir la personalidad a una letra o a una firma.
Tampoco se trata de convertir cada rasgo gráfico en una etiqueta psicológica.
Se trata de comprender la escritura como una expresión compleja, influida por el cuerpo, la mente y el entorno.
Una grafología actual debe tener en cuenta entonces:
- Los factores biológicos que pueden condicionar el gesto gráfico.
- Los factores psicológicos que influyen en la expresión de la personalidad.
- Los factores sociales, culturales y contextuales que rodean a la persona que escribe.
- El contexto gráfico completo, evitando conclusiones basadas en signos aislados.
Esta forma de trabajar permite una interpretación más rigurosa, más respetuosa, más próxima a lo que actualmente se considera ciencia y más cercana a la realidad única de cada persona, tal y como propugna la Psicología de hoy.
Sandra Cerro – Grafóloga y perito calígrafo.
Licenciada en Derecho y Graduanda en Psicología.
Sandracerro.com
Centro de Grafología Sandra Cerro es colaborador de la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA, para la impartición del
Desde 2016, estamos formando a grafólogos especialistas que desean trabajar en empresas, realizando procesos de reclutamiento y selección, así como otros estudios grafológicos de empresa.
¡Bienvenidos al campus virtual de la UDIMA, la Universidad más cercana!











