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En la gran mayoría de las comedias románticas de Hollywood, la protagonista femenina es vendedora inmobiliaria, o trabaja en una prestigiosa revista de moda, rodeada de arpías que tratan de pisarle sus diseños, y con una jefa maquiavélica que lo que pisa son cabezas para no ser derrocada de su emporio.

Puede ser un ejercicio muy creativo tratar de evaluar el verdadero temperamento de estos personajes clásicos e imaginar cómo quedaría éste reflejado en su escritura. Si algo caracteriza al personaje de Anne Hathaway en “El Diablo se viste de Prada” es el afán de superación, el sentido de la responsabilidad y la perseverancia. Y si algo caracteriza al personaje de Maryl Streep, la odiosa jefa de la Revista, es la frustración emocional que trata de compensar con el modelo de liderazgo conocido como “imitativo”, en el que, además de autoridad y vara de mando, hay un nivel de exigencia de altos vuelos.

Si la compaginación de caracteres en un equipo es un ingrediente necesario, la compatibilidad de caracteres entre jefe y subordinado es vital para cuidar la armonía del entorno de trabajo, lo primero, y en segundo lugar, porque el tiempo que se ahorra en discusiones y tirones de moño a diario, se puede invertir en trabajo y en la orientación de éste hacia ese logro perseguido que es, en definitiva, para lo que vamos todos los días a la empresa.

 

El día que tu vida personal esté destruida, es tiempo de un ascenso

(Frase de la película “El Diablo se viste de Prada”)

 

Esa escritura sobrealzada, con grandes mayúsculas y firma enorme, de presión vertical, formas mixtas, inclinación vertical, y altas barras de las “tes”, casi siempre en forma de sable, que retrataría a la perfección a la “jefa Streep”, podría resultar compatible con una escritura curva, recta flexible, con barras de las “tes” bajas, e inclinada a la derecha o vertical vibrante y ágil, legible, ordenada y con buena presión. Tal modelo podría ser la escritura de Hathaway, que combina adaptación, subordinación, y sentido de la responsabilidad, con buenas dosis de equilibrio emocional, iniciativa, inteligencia y afán de superación.

La escritura de la “jefa Streep” habría sido incompatible con escrituras invertidas, de presión floja, y rebajadas, ya que tales subordinadas habrían salido llorando del despacho, arrastrando su autoestima por los suelos, a los dos minutos de comenzar a trabajar en la editorial.

La “jefa Streep” tampoco habría sido compatible, por supuesto, con una “jefa Streep 2”, o con subordinados de su mismo estilo de carácter temperamental y autoritario, rebeldes, con actitud desafiante o provocadores, ya que el conflicto o, mejor dicho, la guerra estaría asegurada.

Dejando el temperamento aparte, en cuanto al estilo de trabajo, se permite al jefe mantener una visión global de las funciones en general, y del proyecto en particular; en cambio, el subordinado ha de ir más al detalle, ser más analítico y preciso. Lo mismo se aplicaría en cuanto al orden; ante el caos típico de algunos jefes se podría hacer la vista gorda, no así ante el subordinado caótico y desorganizado.

A nivel mental, es razonable que sea el jefe el que tome las decisiones, proponga las ideas que constituyan el pistoletazo de salida hacia el proyecto, y ponga su razonamiento en marcha para medir los pros y contras de la tarea a emprender. Al subordinado, se le permite tener alguna dosis de indecisión y de duda, puede aportar ideas que complementen a las del jefe, y puede ser más intuitivo y menos lógico en cuanto a su trabajo. Eso sí, el jefe no puede lanzar la idea al aire y abandonar el proyecto a la buena suerte de su equipo, sino que ha de actuar, no sólo controlando sino también tirando igualmente del carro, al mismo ritmo de rendimiento y constancia que sus subordinados.

Puede avecinarse tormenta cuando el “Diablo” no se viste de Prada, sino en tiendas outlet. Un jefe con escritura curva, blanda, inclinación invertida, de tamaño pequeño o rebajada y con las barras de las “tes” bajas puede ser un buen jefe si trabaja dos o tres personas de igual a igual, pero no más. No hay nada peor que un jefe inseguro. A un jefe así, al que le falta liderazgo, decisión, implicación, confianza en sí mismo y capacidad de iniciativa, lo más probable es que se le fundan los plomos poco después de acometido el proyecto en cuestión o, lo que es peor, que sea devorado por su propio equipo en cuestión de días. Si además, por un casual, algún miembro de su equipo se viste de Prada, entonces ese jefe está totalmente perdido, y el proyecto de empresa cayendo en picado.

[Este artículo es un estracto del libro «Grafología en la gestión del talento», Sandra M. Cerro, Plataforma Editorial]

Sandra M. Cerro

Grafóloga y Perito calígrafo

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