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Como grafóloga profesional he de confesar que la grafología enamora, ¡y mucho!; he vivido la pasión por esta disciplina en mi propia experiencia, y también la veo cada día en los alumnos que se acercan a conocerla. Pero, aún así, tengo que reconocer que la grafología tiene aún que luchar contra su gran talón de Aquiles: la ignorancia de muchos.

Es frecuente y muy lamentable encontrar libros de grafología, en librerías, colocados en los estantes dedicados a las ciencias ocultas; o encontrar a supuestos grafólogos impartiendo talleres en ferias de esoterismo, adivinación y brujería; o ver vídeos en Internet donde la “vidente fulanita” adivina la personalidad a través de una firma.

Este tipo de mezclas y asociaciones erróneas dan una visión al público de lo que la grafología no es en absoluto, y no deja conocer lo que esta apasionante técnica es en realidad.

Lo primero de todo que hay que aclarar es que la grafología no es adivinación. En la escritura no se adivina nada, no se ven ni el futuro ni el pasado de una persona, sin el momento presente en que esa persona escribe y en el que se está proyectando directa e inconscientemente sobre el papel. Nadie puede adivinar en un escrito qué le ha ocurrido al escribiente en su vida pasada, ni tampoco qué le sucederá en el futuro. La escritura no delata hechos, sino revela la personalidad presente del individuo.

Muchos son los que acusan a los grafólogos de no apoyarse en métodos empíricos para realizar su análisis. Se equivocan rotundamente. La grafología es una técnica empíricamente contrastada, analítica y profunda, que basa el estudio de la escritura en los aspectos estructural y dinámico de la misma, y que no es nada nuevo, sino que tiene su historia, sus escuelas y sus raíces desde hace muchos siglos. El grafólogo no tiene rayos láser en los ojos que le permiten ver, de forma automática, la personalidad de alguien a través de un escrito; muy al contrario, un análisis grafológico requiere un estudio pormenorizado, como digo profundo y exhaustivo, que precisa de mucho tiempo y de mucho trabajo, y que nunca jamás de debe tomar a la ligera. Es por eso que los grafólogos nos solemos enfadar cuando alguien nos pide un estudio grafológico al momento ¡como si fuera tan fácil!

También nos enfadamos bastante cuando alguien nos dice “Te voy a enseñar mi letra para que me des tu opinión”, así, ¡como si nos estuvieran haciendo un favor!. A ver, ese es nuestro trabajo; sería como si le decimos a una peluquera “Te dejo que me cortes el pelo gratis para que practiques”. Ante todo, tenemos que respetar y hacer respetar nuestra profesión, y saber valorar nuestro trabajo.

Esta técnica científica, tan desconocida por mucho y vapuleada por la ignorancia de otros tantos, tiene aplicaciones en áreas y lugares que a muchos les sorprendería conocer. Invito al lector a indagar pero, por dar alguna pista, son muchas las multinacionales, e incluso altas instituciones del Estado, que utilizan la grafología en sus procesos de selección de personal, y mayoritariamente en selección de puestos directivos. Yo no dudaría de una prueba de selección que se está aplicando, cada vez con más frecuencia, en empresas, tribunales de justicia, instituciones educativas, archivos y museos, etc.

Está claro que aún nos queda mucho por hacer a los grafólogos para difundir nuestra profesión y su gran utilidad en multitud de áreas –tantas como en las que intervengan personas y se precise su mejor conocimiento-, y por conseguir nuestra gran asignatura pendiente: que se oficialicen de algún modo las titulaciones en Grafología y en Pericia Caligráfica. Pero lo que es cierto es que todas las personas que conocen realmente qué es la grafología, se enamoran y se enganchan, y desean saber mejor y más, porque, al fin y al cabo, es una herramienta útil para todos, en todos las facetas de nuestra vida. En cuanto a la titulación, yo suelo preguntar “¿Tú qué quieres realmente: un titulito o aprender?”. Los títulos que se expiden en grafología son privados; personalmente tengo muchos, y nunca me han pedido un título en ningún sitio. Yo les suelo decir a mis alumnos que la enseñanza de esta disciplina es como la de los antiguos oficios, que pasaban de unos a otros de manos de expertos, y que lo que realmente importaba era ser un buen profesional y amante de tu trabajo. Para eso no se precisa ningún papelito que lo acredite.

 

Sandra Mª Cerro

Grafóloga y Perito calígrafo

www.sandracerro.com