La mayoría de los alumnos que acuden a mis aulas atraídos por la grafología, e intrigados por las posibilidades profesionales que ofrece esta materia, suelen preguntar “¿Qué hay que estudiar para ser grafólogo profesional?”.

Lupa

La Grafología, ciencia brillante y reconocida en otros países como Francia o Argentina, ha pasado en España de tener mala prensa, a tener poca prensa. Y mucha culpa de esta poca prensa, que genera un gran desconocimiento sobre esta ciencia apasionante, la tiene la falta de reconocimiento oficial por parte de los planes de estudio. Carreras y estudios de Grado afines, como podrían ser Psicología, Pedagogía o Criminología, apenas contemplan, en algunas Facultades, la Grafología como asignatura, y cuando lo hacen siempre es en un nivel secundario.

Esto tiene sus ventajas y sus desventajas. Como desventaja principal, el desprestigio inmerecido que supone una falta de reconocimiento oficial. Como ventaja absoluta, la posibilidad de convertirse en un profesional de la materia sin necesidad de pasar por unos estudios de grado superior u oficializados. La diplomatura privada otorgada por cualquier centro de formación reconocido en Grafología, puede servir al alumno para convertirse en un grafólogo profesional.

Y lo mismo sucede con la Pericia Caligráfica Forense. A pesar de ser esta materia mucho mejor vista, dada su práctica habitual y efectiva en los tribunales de justicia, tampoco se imparte en España como titulación universitaria, sino sólo a nivel privado.

Los centros privados de formación en Grafología, aunque confluyen todos en el estudio de la personalidad a través del análisis del grafismo, proceden de distintas escuelas con distinta estructuración en lo que respecta al programa formativo. Algunas de estas escuelas hacen más hincapié en lo que es Grafología pura y dura, mientras otras basan sus enseñanzas en mediciones, y otras se centran más en la teoría puramente psicológica. La materia es la misma pero, como se suele decir “cada maestrillo tiene su librillo”, y es obvio que cada alumno va a elegir al maestro con el que mejor se identifique o con el que sienta más y mejor “feeling”, que también es importante.

Lo que sí es ineludible y elemental en cualquier formación en Grafología es la práctica. Para el alumno que quiera formarse como futuro grafólogo es indispensable saber mirar un escrito e interpretarlo grafológicamente, rebuscando en los entresijos de la personalidad del escribiente; y para esto no basta la teoría, sino se requiere ir “haciendo el ojo” a diferentes tipos de escrituras, observando y comparando muchas, distinguiendo los rasgos de unas y otras, deduciendo diferencias asociadas a diferentes tipos de personalidad y a distintos perfiles. Se trata ésta de una ciencia profunda, que no nada en la superficie del ser humano sino que bucea dentro de él, y esto convierte a la técnica grafológica en un arduo trabajo de investigación, impregnado de gran responsabilidad con respecto a las conclusiones del estudio. La formación completa y práctica será indispensable para el futuro grafólogo, pero lo será mucho más, por tanto, la propia ética y el sentido crítico hacia su propia labor profesional.

Volviendo pues a la pregunta con que abrimos este artículo, “¿Qué hay que estudiar para ser grafólogo?”, habría que distinguir a cada escuela y a cada centro formativo, aunque, en general, una formación completa para ser grafólogo serían dos años y, de forma independiente, las especialidades, que también son muchas y tocantes a gran variedad de temas (Recursos Humanos, Pedagogía, Criminología, Psiquiatría, investigación histórica, etc). No se exige una titulación específica para ser profesional grafólogo, ya que se considera una disciplina independiente, aunque muy afín, por ejemplo, a toda la rama de Psicología.

La Pericia Caligráfica, en cambio, se asocia más a titulaciones de la rama jurídica, como Derecho. De hecho, muchos estudiantes de Derecho se apuntan a filas para estudiar Pericia Caligráfica, como salida profesional complementaria o alternativa al ejercicio de la abogacía o procuraduría. Pero, como ya se ha comentado, ninguna titulación universitaria específica se exige para ser perito calígrafo, como tampoco para ser grafólogo de profesión.

En estos tiempos de crisis, en que el mercado laboral anda revuelto, y la inseguridad de los estudiantes universitarios con respecto a su futuro es máxima, ambas disciplinas, Grafología y Pericia, se vislumbran como alternativas posibles, y no sólo como salidas profesionales, sino como materias complementarias para engrosar curricula que deseen destacarse como diferentes. Por poner un ejemplo, son muchos los alumnos que, de camino a convertirse en profesionales de los Recursos Humanos, eligen la grafología como materia curricular con que diferenciarse de otros curricula similares u optantes a un mismo puesto laboral, en este área. Siempre ha sido así, pero en tiempos de crisis cobra fuerza la necesidad de un distintivo, de algo que aporte al currículo un plus de formación diferente al del resto; y esta es la opinión de muchos de mis alumnos, que comparto a cien por cien.

La inquietud y la lucha de muchos grafólogos por oficializar ambas disciplinas, la Grafología y la Pericia Caligráfica, avanza y está consiguiendo dar frutos pero aún muy lentamente. No obstante, no perdemos la esperanza de un despertar en las Universidades hacia estas dos fascinantes, interesantísimas y, ante todo, utilísimas materias, en lo que se refiere al conocimiento de la personalidad humana en toda su plenitud, desde ese acto tan personalísimo y genuino que es nuestra escritura manuscrita.

 

(Mayo, 2013)

 Sandra Mª Cerro – Grafóloga y Perito calígrafo

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