“Mi granero se ha quemado. Ahora puedo ver la luna”. Es una famosa frase de Karl Marx. Y es lo mismo que traté de pensar yo cuando, a lo ocho meses de haber emprendido mi proyecto de empresa, vi quemarse las instalaciones y, a pesar del inevitable y tan humano sofocón que me llevé, tras haber perdido todo, comprobé que las llamas apenas si habían chamuscado las esquinas de mi sueño.

Nadie que emprenda el camino hacia una meta está exento de encontrarse dificultades en el camino ¡Así es la vida!. La clave está en la perspectiva, en la actitud que adoptemos ante los hechos desestabilizadores y en el tiempo que tardemos en reaccionar para seguir adelante.

Del vocablo inglés “resilience” (resistencia), el concepto “resiliencia” hace referencia a tres etapas consecutivas de actuación, justo después de un fenómeno o circunstancia adversa, de un trauma, o de un duelo. Éstas son:

1º – Resistir

2º- Sobreponerse o rehacerse

3º- Continuar adelante

A diferencia de aquellas personas que, tras un proceso de duelo, se sobreponen, recuperan fuerzas y recomienzan de nuevo, los individuos resilentes pasan de forma automática por los tres procesos antes mencionados, manteniéndose en niveles funcionales a pesar del percance sufrido o experiencia traumática. El mérito de las personas resilentes es la capacidad de mantener el equilibrio emocional y funcional, de forma ininterrumpida y constante.

Pero, ¿cuál es el secreto de estos héroes cotidianos?

Estabilidad emocional y templanza

Las personas resilientes saben identificar los problemas y las situaciones de crisis, aceptándolos como parte de las fluctuaciones inevitables del río de la vida, con serenidad y controlando el equilibrio de las emociones. Se puede parar y respirar hondo, pero hay que seguir adelante. La persona resiliente no se permite derrochar energías en una fase de desarreglo emocional que podría resultar valiosa como motor de arranque para un nuevo comienzo. Siempre es tiempo de volver a empezar.

Optimismo y entusiasmo

Las personas resilientes tienen un gran sentido del humor y gozan de un optimismo realista. Siempre piensan que todo pasa por algo y que ese “algo” siempre puede ser mejor que lo anterior. Así como Tagore, que decía “si por la noche lloras porque se esconde el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”, un resiliente siempre resulta ser un cazador de estrellas y sabe sacar el lado bueno y positivo y, sobre todo, las valiosas enseñanzas y el crecimiento personal que puede suponer pasar por fases difíciles y procesos de lucha. Siempre es bueno saber que, en chino, “crisis” significa “oportunidad”

Energía y dinamismo

El resiliente suele ser una persona activa, dinámica, que, si no se apalanca en ninguna circunstancia vital, menos va a hacerlo cuando los acontecimientos exigen un redoble de fuerzas. El dinamismo y proactividad característicos de las personas resilientes les dan la ventaja de llevar ya una “carrerilla” tomada, antes de llegar al punto de partida hacia la meta. Cuando llega el tropiezo, ellos ya han zarpado viento en popa y a toda vela; frenar no les compensa, y aprovechan esa energía para izar las lonas, encarar los vientos y seguir surcando mares.

Motivación

Tener un sueño que cumplir o una misión de vida bastan para que ni una, ni dos, ni doscientas piedras en el camino puedan frenar a una persona resiliente. Ésta tiende a aceptar el tropiezo, no sólo para ver que la vida no es un camino de rosas si lo que deseamos es alcanzar una meta, sino también para sopesar el valor de esa meta. Si en el primer tropezón, ya estamos sentados llorando a la orilla del camino, es porque nuestro sueño no tiene tanto valor como creíamos. En cambio, si el primer tropezón nos enseña a mirar más y mejor el camino y a apretarnos más los cordones de las zapatillas para seguir caminando, aceptando que puede haber más piedras, entonces tenemos un sueño que sí merece la pena ser alcanzado.

Autoconfianza

La seguridad en uno mismo y la confianza en que se tienen los recursos personales para poder salir a flote, pese a cualquier contratiempo, son también cualidades extraordinarias de las personas resilientes. Éstas tienden a pensar que, si algo no sale bien, pueden explotar sus recursos para que salga mejor o, si esto no es posible, reintentar un nuevo proyecto y abrir nuevas vías hacia la realización personal. Nuestros valores, nuestras aptitudes y habilidades nunca son limitados. Podemos confiar en los que sabemos que tenemos y también confiar en que podemos quizás despertar otros que, hasta ahora, no sabíamos que teníamos y que, sin embargo, ahí están y nuestro momento adverso nos ha proporcionado la oportunidad de descubrirlos.

Capacidad de adaptación a cambios y presiones

La flexibilidad y la tolerancia para acatar situaciones de cambio, son otra de las cualidades de la resiliencia. No estamos hablando de conformismo ni resignación, sino de aceptación natural de que la vida fluye, como un río, tanto por remansos como por corrientes y acantilados y, como decía Pierre Auguste Renoir, “hay que dejarse ir como un corcho, por la corriente del arroyo”. Las personas abiertas de mente y corazón, se adaptan a la adversidad como parte de un ciclo cambiante y no como castigo, y mantienen la conciencia serena de que “esto también pasará” y “no hay mal que cien años dure”.

Creatividad y afán innovador

Esta cualidad supone tener la visión clara de que no somos ovejas viviendo dentro de un redil y que, más allá de la verja, hay horizontes inmensos por explorar. Las personas creativas tienen la mente abierta, y encuentran más fácilmente vías de escape, lugares, estados emocionales y modos para convertir un contratiempo, en una oportunidad para generar ideas y crear nuevas cosas. De todos es conocida la paradoja tan romántica de que, durante los estados de desamor, es cuando los músicos, escritores y poetas resultan más prolíficos en sus creaciones. Como decía Walt Whitman, “aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa, y tú puedes aportar una estrofa”.

Y, desde el punto de vista de la Grafología, ¿cómo se nos presenta la escritura de las personas con buena capacidad de resiliencia?

Grafología de la resiliencia

  • Personalizada: una escritura madura, evolucionada, curtida por los cambios de vida y de personalidad a través de los años.
  • Curva o mixta: haciendo alarde de flexibilidad, de capacidad de adaptación, de espíritu modelable por los cambios y abierto a designios positivos o negativos.
  • Espontánea: una escritura despierta, fluida, suelta, sin rigidez de ningún tipo, nos hablará también de apertura y capacidad de adaptación y aceptación.
  • Presión normal o firme: refuerzo de la seguridad en uno mismo y en la autoconfianza y firmeza en los propios valores, aptitudes y recursos personales.
  • Agrupada o ligada: letras unidas entre sí nos hablarán de continuidad, de constancia y perseverancia en el proyecto emprendido, a pesar de los vientos en contra que puedan presentarse.
  • Progresiva: una escritura fluida y con tramos progresivos marcarán el impulso hacia el futuro, la inercia de la energía dinamizada y proyectada, esa “carrerilla” ya cogida que es difícil de detener, ya que es sinónimo de pasión, entusiasmo y miras de futuro, contra viento y marea.
  • Vertical vibrante o ligeramente inclinada a la derecha: la vibración siempre implica emotividad e implicación con el entorno; si además está inclinada a la derecha, reforzará el empuje al futuro y la capacidad de iniciativa.
  • Dirección horizontal flexible o ligeramente ascendente: el renglón flexible es sinónimo de adaptación a las diferentes situaciones; si hay un ligero ascenso, se sumarán el entusiasmo y la ilusión, el optimismo sostenido.
  • Extendida, con base firme: reforzará la autoconfianza y la facilidad para la expansión y aceptación de lo bueno o malo que pueda llegar, así como proyección hacia el futuro.
  • Dinámica: el movimiento en la escritura nos hablará de actividad, inquietud,  energía, habilidades resolutivas y capacidad de reacción ante imprevistos.
  • Regular: hace referencia a la templanza, a la serenidad, al control de los impulsos, al equilibrio de las emociones.
  • Armónica: manifiesta la constancia, la perseverancia, la continuidad, la fluidez del “corcho por la corriente del arroyo”.
  • “T” con doble barra: gesto tipo curioso que sirve como refuerzo a la persistencia y al tesón, a la capacidad de empeñarse en algo que se desea, pese a todo.

Sandra Cerro – Grafóloga y perito calígrafo

sandracerro.com

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