La inteligencia artificial está transformando numerosos ámbitos profesionales: medicina, derecho, educación, marketing…

Muchos alumnos y personas interesadas en la Grafología me preguntan qué va a pasar con nosotros los grafólogos.

¿Puede la inteligencia artificial sustituir nuestra labor?

¿Es capaz la IA de realizar un buen análisis grafológico y de redactar un informe profesional?

Y, yendo aún más allá, si fuera capaz de hacerlo ¿sería un informe de personalidad fiable?

En los últimos tiempos, proliferan abundantes aplicaciones y herramientas que prometen realizar un “análisis grafológico automático” en apenas unos segundos, a partir de una fotografía o un texto escaneado.

A mí, la verdad, me da un poco de risa todo esto.

Sobre todo, porque cada vez nos estamos haciendo más vagos y vamos a terminar con el cerebro del tamaño de un cacahuete.

Pero bueno… ¡Al lío!

Es muy importante recordar que la Grafología analiza la escritura humana, no la escritura mecánica.

Y la escritura humana, como el propio ser humano al que retrata, es dinámica, cambiante, paradójica a veces.

Nuestra escritura está condicionada por las mismas variables que condicionan nuestra personalidad: la edad, la enfermedad, las vicisitudes de la vida, los cambios, el estado anímico, el contexto sociocultural, etc.

¿Realmente podemos llegar a pensar que una máquina, una inteligencia sin alma y corazón, puede tener ojo clínico para contemplar toda esta complejidad?

Sí que es verdad y reconozco que la tecnología puede resultar útil como herramienta complementaria a muchas disciplinas.

Pero existen muchos inconvenientes y riesgos cuando se pretende sustituir el criterio profesional de un grafólogo profesional y con sensibilidad humana por un algoritmo automatizado.

¿Puede la inteligencia artificial hacer un análisis grafológico?

La respuesta es tajante: NO, nunca.

Y te voy a explicar por qué.

La IA puede reconocer patrones visuales, medir tamaños, inclinaciones, espacios o determinadas regularidades gráficas.

Sin embargo, la Grafología no consiste únicamente en identificar e interpretar signos aislados.

El verdadero análisis grafológico implica interpretar el conjunto gráfico completo:

  • Movimiento y ritmo.
  • Presión.
  • Cohesión.
  • Inclinación.
  • Configuración del espacio gráfico.
  • Nivel de espontaneidad y armonía del escrito.
  • Contradicciones internas.
  • Evolución del gesto gráfico a lo largo del conjunto escrito.
  • Contexto emocional y psicológico del escribiente.
  • Cuestiones que son más de sentido común que de pura interpretación grafológica.
  • Etc

Y precisamente ahí es donde aparecen las principales limitaciones de la inteligencia artificial aplicada a la Grafología:

La IA no tiene lógica.

Aisla las interpretaciones de cada gesto gráfico, pero no es capaz de vincular un gesto con otro para lanzar una interpretación coherente de cada rasgo de personalidad.

No tiene visión de conjunto.

En definitiva, no ve el alma de la persona que escribe. Y el grafólogo sí.

La IA no comprende el gesto gráfico global

Uno de los errores más frecuentes de las herramientas automáticas es que interpretan la escritura de forma fragmentada.

Muchas aplicaciones funcionan mediante asociaciones simplificadas del tipo:

  • “Letra grande = extroversión”.
  • “Firma ascendente = optimismo”.

Sin embargo, en Grafología profesional ningún signo se interpreta de forma aislada.

Esta es la clave de la interpretación grafológica:

No contemplamos cada árbol, sino la panorámica completa que nos ofrece el bosque.

El grafólogo analiza la interacción entre todos los elementos del escrito.

Un mismo signo puede tener significados completamente distintos dependiendo del contexto gráfico en el que aparece.

Siguiendo los ejemplos anteriores:

Una letra grande, no siempre es signo de extroversión.

También puede significar capacidad de síntesis, creatividad, visión global del entorno o, incluso, dificultad visual en el escribiente.

La firma ascendente no siempre significa “optimismo”. Puede ser también signo de ambición u orientación a objetivos, según el contexto gráfico general.

No hace falta ser muy avispado para entender que a la IA todavía le faltan muchas neuronas artificiales para poder captar esa visión global y dinámica de la escritura.

La escritura es movimiento, no solo imagen

La escritura manuscrita es un gesto neuromotor dinámico, vivo, cambiante.

La mayoría de los sistemas de IA trabajan sobre imágenes estáticas.

En cambio, cuando un grafólogo observa un manuscrito, no analiza únicamente la forma o imagen de la escritura, sino también el movimiento que existe detrás del trazo.

Una fotografía o un escaneo pueden ocultar aspectos esenciales del movimiento gráfico.

O, incluso, llegan a equivocarse, si la calidad de la imagen es baja.

Por eso, muchos matices psicológicos importantes se pierden cuando el análisis depende exclusivamente de algoritmos visuales.

Riesgo de interpretaciones estereotipadas

Otro error a tener en cuenta es la tendencia de la IA a generar interpretaciones demasiado genéricas o estandarizadas.

La escritura puede estar influida por múltiples factores:

La edad, el nivel educativo, el estado anímico o emocional, patologías, cansancio, tipo de útil escritor, modelo caligráfico escolar, y un sinfín de variables más.

Dicho esto, es posible que dos personas presenten signos gráficos similares por razones completamente diferentes.

Incluso una misma persona puede presentar variabilidad en su forma de escribir por motivos completamente distintos.

¿Qué hace la IA con eso?

Un grafólogo profesional tiene conocimientos y capacidad para integrar e interpretar correctamente todos esos factores, antes de emitir conclusiones.

La inteligencia artificial, en cambio, suele basarse en correlaciones estadísticas y patrones predefinidos, por lo que su resultado puede ser un análisis superficial y simplista o completamente erróneo.

La IA puede beber de fuentes no profesionales.

La inteligencia artificial es un rastreador de contenidos que no tiene filtro.

Arrasa con todo lo que encuentra y no discrimina si la fuente es veraz, profesional y rigurosa, o si procede de fuentes inventadas, mal o poco profesionales o erróneas.

No podemos creérnoslo todo.

No podemos dar veracidad a fuentes sin antes comprobarlas. Y esto es precisamente lo que solemos hacer cuando la IA nos “facilita” el trabajo.

Lo damos por bueno y ya está.

Pero no podemos ignorar que, por la red de internet, pululan grafólogos, pseudografólogos y no grafólogos alimentando a la IA con sus publicaciones.

En esta red infinita, coexisten influencers que han oído campanas sobre Grafología, con personas que han hecho talleres intensivos de grafología y ya se creen grafólogos y también, por supuesto, grafólogos profesionales que llevamos una vida entera trabajando en esto.

Pero la IA te va a mezclar los resultados de todos.

Y serás tú, junto con tu pericia y sentido común, quien tendrás que cribar la información.

Cursos-Grafología

 

Problemas para detectar escrituras manipuladas

En el ámbito de la pericia caligráfica, las limitaciones de la IA adoptan un cariz aún más delicado.

Debemos tener en cuenta que la inteligencia artificial puede tener dificultades para identificar imitaciones de firmas o manuscritos autógrafos y también manipulaciones digitales.

La IA no discrimina tintas, no sabe determinar con qué tipo de útil está realizado un escrito y, por supuesto, no puede analizar el ritmo, la lógica psicomotriz y la idiosincrasia personalísima de un manuscrito.

Y esto supone un problema importante porque, en un procedimiento judicial, un error puede tener consecuencias legales graves.

Sí puede resultar útil a la hora de analizar textos mecanografiados y determinar, por ejemplo, el tipo de fuente o determinados aspectos de contenido lingüístico. Pero poco más.

La IA carece de intuición clínica y experiencia humana

La Grafología no se limita a describir los rasgos meramente visibles o superficiales de un autógrafo.

El grafólogo profundiza hacia los abismos de ese inconsciente que la escritura está retratando.

Un grafólogo experimentado puede llegar a interpretar aspectos invisibles de la personalidad humana, como, por ejemplo:

  • Contradicciones o compensaciones entre rasgos psicológicos.
  • Mecanismos de defensa.
  • Tensiones emocionales o anímicas.
  • Presencia de conflictos o luchas internas.
  • Etc.

Además, la experiencia profesional del grafólogo aporta algo que es muy difícil de replicar por un algoritmo: el ojo clínico y el criterio interpretativo.

La inteligencia artificial puede detectar patrones. Eso no se lo vamos a negar.

Pero comprender verdaderamente el significado humano de esos patrones, teniendo en cuenta todas las circunstancias que orbitan alrededor del Yo, es otra cuestión muy distinta.

La calidad de la imagen condiciona enormemente el resultado

Algunos alumnos míos ya han replicado el experimento de chutarle a la IA una imagen de una escritura y pedirle que la analice.

Estas pruebas están también alimentando al algoritmo, así que ¡cuidado con lo que le damos de comer!

Muchos análisis automáticos dependen de fotografías enviadas desde teléfonos móviles, en general, mal encuadradas, indebidamente enfocadas y de mala calidad.

Si una IA pretende analizar un manuscrito digitalizado, se puede confundir con algunos parámetros:

Los desenfoques, sombras, perspectivas incorrectas, baja resolución de la imagen, imprecisión en la presión, distorsiones del tamaño, etc.

Un grafólogo con el ojo ya acostumbrado a analizar infinitas escrituras puede compensar esas limitaciones gracias a su experiencia.
La IA, en cambio, suele degradar significativamente su precisión cuando la imagen no es perfecta, y dejar el estudio grafológico hecho un churro.

Falsa sensación de exactitud

Uno de los mayores riesgos de la inteligencia artificial es que puede generar respuestas aparentemente muy seguras, incluso cuando el material es insuficiente.

La IA analiza lo que le eches.

Nunca te va a decir que no, aunque no tenga ni idea del lio de resultados que te está arrojando, tras buscar en su infinito almacén de información.

Y, además, te hará la pelota.

En cambio, un grafólogo profesional sabe perfectamente cuándo la muestra es insuficiente o si el escrito no es adecuado para realizar un estudio grafológico completo y riguroso.

Las aplicaciones automáticas nunca te van a mostrar esa prudencia profesional.

Trabajarán con el material autógrafo que les eches, sin advertirte de si es adecuado o suficiente, o no, y generándote una falsa sensación de exactitud.

Riesgo de banalizar la Grafología

Muchas herramientas comerciales presentan la Grafología como si fuese una traducción automática de letras a rasgos de personalidad.

Eso transmite una imagen muy simplificada y poco rigurosa de esta disciplina que, como ya se ha comentado, de simple no tiene nada.

La Grafología profesional y seria requiere:

  • Una formación extensa y profesional.
  • Nociones de Psicología.
  • Ejercicio de prácticas supervisadas por un profesional.
  • Experiencia interpretativa.
  • Estudio en profundidad del gesto gráfico dentro del conjunto escrito, y no como signo aislado.

Reducir la grafología a un algoritmo automático puede contribuir a generar falsas creencias sobre la complejidad real que conlleva el trabajo de un grafólogo profesional.

Informes grafológicos despersonalizados

Ni siquiera en la redacción de informes grafológicos podemos salvar a la inteligencia artificial.

Sabe redactar, sí.

Eso no se lo puedo negar.

Pero, de redactar un informa a hacerlo bien hay un abismo.

Una de las dificultades más peliagudas con las que se encuentra la IA en la redacción de informes es que mezcla todo.

Relaciona rasgos de personalidad que no tienen nada que ver unos con otros.

Se pierde entre el paisaje y no atina una cuando tiene que elaborar, con sentido lógico, una relación causa-efecto entre rasgos psicológicos.

Por otro lado, el sistema que analiza de forma automática se separa del alma del autor del escrito.

Aprecia el bulto, pero no se detiene en los detalles personales del ritmo y forma de cada gesto, ni se detiene en las implicaciones interpretativas que puede tener.

Por el contrario, el grafólogo profesional trabaja todo el análisis y el informe con el manuscrito delante, sin perder de vista al alma autora.

No hace un barrido automático como hace la IA, sino que profundiza en la lógica del texto escrito y encuentra los porqués que al ojo rápido o inexperto les pasan desapercibidos.

Entonces, ¿la inteligencia artificial no sirve en Grafología?

No caben dudas de que la inteligencia artificial aplicada a la escritura manuscrita es un campo en crecimiento y de que, probablemente, seguirá evolucionando en los próximos años.

Pero, hoy por hoy, el análisis grafológico continúa requiriendo algo que los algoritmos todavía no poseen:

  • Lógica interpretativa para integrar cada gesto dentro de toda la complejidad de la personalidad.
  • Comprensión contextual.
  • Interpretación profunda y relacional, ya que unos rasgos de personalidad influyen en otros.
  • Sensibilidad, empatía e intuición humanas.
  • Ojo clínico y criterio psicológico

La escritura no es únicamente una suma de formas autógrafas.
Es la expresión dinámica de una personalidad humana compleja, que es única, irrepetible e imposible de replicar

El llegar a comprender verdaderamente toda la complejidad de la personalidad sigue siendo, por ahora, una tarea profundamente humana.

Y, ¿llegará a humanizarse tanto la IA?

Yo lo dudo, pero, mientras tanto, sigamos confiando en que existen profesiones, como la de los grafólogos, a las que la IA no puede reemplazar, por mucho que se empeñe.

Sandra Cerro – Grafóloga y Perito calígrafo

sandracerro.com

Centro de Grafología Sandra Cerro es colaborador de la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA, para la impartición del

Curso Experto universitario en Grafología empresarial, aplicada a selección y gestión de los Recursos Humanos.

Desde 2016, estamos formando a grafólogos especialistas que desean trabajar en empresas, realizando procesos de reclutamiento y selección, así como otros estudios grafológicos de empresa.

¡Bienvenidos al campus virtual de la UDIMA, la Universidad más cercana!

Udima