La hipergrafía es la necesidad de escribirlo todo de forma compulsiva y sin descanso.

El hipergráfico siente la necesidad de escribir noche y día, en cualquier momento y lugar.

Necesita narrar todo, soltar lo que su infatigable y arrebatado pensamiento dicta con una constante logorrea.

El discurso de la hipergrafía puede ser congruente. De hecho, son conocidos famosos y prolíficos escritores que fueron hipergráficos.

Honoré de Balzac y Fiódor Dostoievski, por ejemplo, padecían hipergrafía.

Un genio extraordinario como Van Gogh también era hipergráfico.

Pero, ¿a qué se debe esta condición o síndrome?

¿Puede considerarse una patología de la escritura?

Como grafóloga, me parece un tema apasionante indagar en este fenómeno tan curioso y analizar cómo afecta concretamente al ejercicio gráfico.

Por ello, he querido dejar una pequeña aproximación reflejada aquí.

¿Se conoce la causa de la hipergrafía?

Existe un amplio e intenso debate entre psicólogos y psiquiatras sobre la causa de esta alteración.

Mientras los primeros lo atribuyen a patrones de conducta o a trastornos del pensamiento, los psiquiatras identifican la hipergrafía con alteraciones funcionales del cerebro, que pueden ser de origen muy diverso.

El DSM-5 y el CIE-11 no lo recogen como trastorno de forma específica, pero sí existen investigaciones que lo asocian con trastornos formales del pensamiento, la epilepsia, la esquizofrenia o el trastorno bipolar, en su episodio maníaco.

Las primeras investigaciones sobre este síndrome se realizaron en 1974.

En un completo estudio, los doctores Waxman y Geschwind analizaron a 825 pacientes, en un hospital psiquiátrico de Bristol.

Entre ellos, encontraron a 18 hombres y 15 mujeres con lóbulo temporal disfuncional que padecían hipergrafía.

La mitad de ellos también tenían diagnóstico de epilepsia.

Un estudio publicado por la Revista Británica de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge rebatió los postulados de Waxman-Geschwind que consideraban la hipergrafía como un síndrome de origen exclusivamente neurológico.

El estudio de Cambridge reveló vinculaciones entre la hipergrafía y los desórdenes formales del pensamiento propios de la esquizofrenia paranoide y extensibles a otros trastornos psicóticos. (The British Journal of Psychiatry, 2021)

El caso de Alice Flaherty

Un testimonio estremecedor a la par que sincero sobre el padecimiento de la hipergrafía lo recoge el libro “La enfermedad de medianoche”, de la psiquiatra Alice Flaherty.

Alice manifiesta en su obra su propio padecimiento, que duró cuatro largos meses.

Surgió a raíz de una fase depresiva que padeció tras perder a sus dos gemelos durante el parto.

Y así lo relata ella misma, en una entrevista para National Geographic:

Unos diez días después, de repente, me pasó algo. Me sentí distinta.

Recuerdo estar aquí, en la oficina, y sentirme obligada a escribirlo todo. Tenía la sensación de que se me estaba escapando todo y, por eso, tenía la necesidad de grabarlo. 

En cuanto tenía la oportunidad de escaparme de lo que estaba haciendo, me ponía a escribir. Y lo que escribía no tenía sentido para los demás, pero sí para mí. 

Si no tenía papel, me sentía terriblemente mal, pero me ponía a escribir prácticamente en lo que fuera. En papel higiénico en un baño público, en el brazo…

Así es.

Quienes padecen hipergrafía escriben en cualquier lugar, en todo tipo soportes y a cualquier hora.

Muchos relatan su incapacidad para parar de escribir.

Escriben a palabras a borbotones, aunque sientan que su relato se está construyendo de forma completamente incoherente.

Se escribe sin propósito. Es una mera compulsión.

Grafología de la hipergrafía: la infatigable mente creativa.

Desde el punto de vista grafológico, los hipergráficos arrojan escritos con muchas características comunes.

Las más llamativas son la alta velocidad de los escritos y la sobreocupación del espacio gráfico.

Esa mano que escribe y que intenta adaptarse a la compulsiva velocidad del cerebro que la mueve, es acelerada, excesiva, no conoce límites.

Por ello no pone conciencia en respetar los límites de la hoja, los interlineados o los espacios entre palabras.

Priman el desorden y la acumulación angustiosa de texto dentro de la hoja.

Parece existir una especie de “horror vacui”.

Para cubrir los espacios vacíos el hipergráfico recurre a la inarmonía, adoptando distintos tamaños y posiciones, o incluso incluyendo dibujos, garabatos o esquemas de la más diversa índole.

Ahora afirmas que eres un sueño.

Estos signos gráficos se aprecian muy bien en este fragmento del manuscrito de “Los hermanos Karamazov”, de Fiódor Dostoievki.

Grafología e Hipergrafía Dostoievski

Dostoievski padecía ataques epilépticos, aunque, en su época, esta enfermedad aún no contaba con diagnósticos claros.

Fue en 1907 cuando el doctor Segalov realizó un diagnóstico de la enfermedad de Dostoievski, pero de un modo retrospectivo (La enfermedad de Dostoyevsky. Cuestiones límite en la literatura y la medicina, Ernst Reinhrdt Verlag, 1907)

No obstante, la proyección de su propia enfermedad en los personajes de sus obras, más bien hacen pensar que padecía algún trastorno de tipo psicótico:

Tu objetivo consiste precisamente en convencerme de que existes por ti mismo y no como mi pesadilla, mientras que ahora afirmas que eres un sueño (…)

Se resistía con todas sus fuerzas a creer en su desvarío y caer definitivamente en la locura (Los hermanos Karamazov).

La velocidad del grafismo en los hipergráficos es desasosegada y compulsiva. Suele ser muy ágil, lanzada y proyectada hacia la derecha.

Pueden apreciarse también frecuentes olvidos de signos gráficos adicionales, como son el punto de la “i” o las barras de las “tes”.

Son frecuentes también las enmiendas de texto.

Las tachaduras del hipergráfico son también compulsivas, con movimientos violentos y llenos de energía que suelen provocar abundantes descargas de tinta.

Vivo arrebatado por el entusiasmo o la locura.

El famoso pintor Vicent Van Gogh fue un genio con epilepsia (diagnóstico de su psiquiatra) e hipergrafía.

Algunas de sus múltiples cartas aluden también a algunos síntomas que se aproximan a un diagnóstico de trastorno bipolar, aunque este mal nunca ha quedado del todo esclarecido.

En 1889, escribe así, en una carta, a su hermano Theo

Tengo momentos en que vivo arrebatado por el entusiasmo, o la locura, o la profecía, como un oráculo griego en su trípode. 

Tengo entonces una gran presencia de ánimo en palabras, y hablo como las arlesianas; pero me siento tan débil con todo esto.

Van Gogh grafología e hipergrafía

Lo que más destaca en la grafía de Van Gogh es la inarmonía. Los cambios bruscos de tamaño, inclinación, cohesión, proporciones y dirección plagan su incansable ejercicio gráfico.

Se pueden ver algunas muestras de estas cartas en la Biblioteca-Museo Morgan de Nueva York.

Es bien sabido que no escribimos con la mano, sino con el cerebro.

La mano solamente es un instrumento que traduce las pulsiones temperamentales, afectivas y cognitivas de ese órgano tan extraordinario que tenemos en la cabeza y que sigue siendo un enigma, a pesar de los avances de las neurociencias.

El cerebro de los hipergráficos es un cajón de sastre plagado de ideas que pretenden aflorar más deprisa que lo que la mano consigue trasladar al papel.

Por eso se atribulan, se desordenan, se amontonan en los espacios vacíos tratando de encontrar su lugar para permanecer impresas.

Aún así, se apelotonan con otras, que vienen empujando ávidas por detrás, tratando también de encontrar su lugar en el papel, tras ser liberadas por una mente atribulada, que no puede parar de fluir palabras.

La escritura del hipergráfico es la viva imagen de la mente de su autor. Una mente infatigable, creativa y ansiosa.

Una mente tan privilegiada y extraordinaria que se desborda, que necesita expandirse y buscar otros lugares fuera de sí.

Sandra Cerro – Grafóloga y Perito calígrafo

sandracerro.com

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