La Escuela mímica en grafología establece que, tanto en nuestra escritura como en nuestro lenguaje no verbal, realizamos microgestos muy concretos, totalmente inconscientes y que provienen de la misma fuente esencial: nuestro cerebro.

De esto trata este video que te invito a visualizar:

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La Escuela mímica contempla cuatro gestos principales: hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia arriba y hacia abajo.

  • Cuando nuestra escritura se inclina a la derecha delata, entre otras cosas, un avance hacia el futuro y hacia los demás. Con ello nos habla de nuestra capacidad de proyección y de iniciativa, de sociabilidad y afectividad, de valentía y audacia.

De la misma forma, nuestra gestualidad nos echa hacia delante cuando estamos decididos a hacer algo o queremos avanzar en la vida, cuando no nos da miedo el futuro y nos sentimos atraídos hacia las relaciones interpersonales.

  • Cuando nuestra escritura se inclina hacia la izquierda, está representando un apego al pasado. La izquierda representa lo conocido, la costumbre, el pasado y los apegos, el lugar donde se ubican los miedos y las inseguridades.

De igual forma, nuestra gestualidad se va a la izquierda cuando tenemos miedo, cuando queremos esconder la vergüenza o la timidez o cuando algo nos impide tirar para adelante.

  • El gesto hacia arriba, muy visible cuando los renglones del texto ascienden, refleja un estado anímico alegre, motivado. Si el ascenso se pronunciado puede estar indicando incluso euforia o alegría descontrolada.

Su equivalente en la gestualidad o el lenguaje no verbal es cuando se nos levantan las mejillas y las comisuras de nuestros labios ascienden cuando estamos contentos y se nos dibuja una sonrisa en el rostro. Saltamos, gritamos y alzamos la cabeza y los brazos cuando estamos felices o celebramos una alegría. Nuestra gestualidad se viene arriba al mismo tiempo que nuestras palabras y renglones.

  • Al contrario, el movimiento hacia abajo, visible sobre todo en los renglones descendentes o palabras caídas, nos habla de desámimo, posible tristeza, desmotivación o desidia. Si el descenso es pronunciado puede delatar incluso un estado depresivo más o menos coyuntural. Otra causa de este descenso puede ser el cansancio.

En el gesto, desciende nuestra mirada, se nos caen los hombros, nos sentimos arrastrados o derramamos lágrimas cuando estamos tristes. Nuestro mundo gestual se nos cae a la vez que nuestras palabras y renglones cuando escribimos.

Así de intuitiva es la grafología mímica. Y es que, esa orden de gesticular o escribir de forma diferente dependiendo de nuestra actitud, de nuestro carácter o de nuestro estado anímico, viene directamente del cerebro. Y es una orden totalmente inconsciente, por eso no se puede ni evitar ni tratar de disimular sin dejar rastro.

Te invito a saber más sobre cómo nuestra escritura delata nuestra personalidad y nuestras emociones. ¿Te apuntas a nuestros cursos de grafología? Anímate a descubrir una forma interesantísima y muy curiosa de conocernos a nosotros mismos y a los demás, a través de la escritura.

Sandra Cerro – Grafóloga y perito calígrafo

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