Las Emociones, esas extrañas e inevitables compañeras de viaje, que son tan difíciles de describir como de amaestrar.

Bajo el influjo de cada una de las emociones, nuestra personalidad, nuestro temperamento y nuestro estado de ánimo se ven influenciados y, por tanto, nuestra escritura cambia. Por tanto, a través de la grafología, podemos detectar las distintas emociones, según los rasgos de escritura que las reflejan. Y este es el propósito de este artículo.

Pero primero vamos a definir que es una emoción o sentimiento. La emoción es una turbación, un cambio, un movimiento, que se produce como reacción a un suceso, y que produce fenómenos físicos en nuestro cuerpo (componente fisiológico) y agita nuestro alma y espíritu (componente cognitivo) animándoles a emprender una acción concreta (componente conductista).

 Acurrucadas en la zona media de nuestro cerebro, las emociones se disparan desde el sistema límbico, comandado por esa diminuta pero potente “almendrilla” llamada amígdala. El sistema límbico es más primitivo que la corteza cerebral pero sus conexiones nerviosas con ésta son mucho más amplias que las que viajan a la inversa, es decir, la autopista que va desde el sistema límbico al neocórtex no puede compararse con el pequeño camino vecinal que conecta el neocórtex con el sistema límbico, y es por eso que, sin poderlo remediar, muchas veces sentimos que nuestras emociones nos dominan. El cerebro homeostático es el que nos proporciona una respuesta automática inmediata a nuestros instintos o emergencias vitales, pero no piensa ni siente. El cerebro emocional es automático y siente, pero no piensa. Así que el joven cerebro racional tiene que mantener su lucha y bregar de forma equilibrada entre el impulsivo inconsciente cerebro homeostático y el travieso e inquieto cerebro emocional ¡En esa encrucijada estamos!

Vamos a definir las principales emociones y a conocerlas mejor a través de su tipo de escritura:

ALEGRÍA

1alegria

Es una emoción universal, de expresión no sólo reconocible sino anhelada en el mundo entero. La alegría es el sentimiento de exaltación físico y emocional ante un acontecimiento o experiencia positiva que nos causa placer, vivacidad, ganas de reír (y a veces incluso llorar), de gritar y que podría hacernos volar de felicidad.

Eso sí, la alegría tiene un pequeño inconveniente: es de corta duración.

¿Cómo escribe la alegría? Pues su escritura es ágil, espontánea y disparada como ella sola. Como su trazado es eufórico, los renglones tomarán una inclinación ascendente. Al ser una dicha incontrolada, quizás la escritura se incline hacia la derecha y se desboque también en los finales. Volarán las tildes y los puntos de las “íes” y quizás se cometan algunos tropiezos o “lapsus calami” en el escrito, producto de la agitación del momento.

TRISTEZA

INSIDE OUT

Ese estado de “desesperación tranquila” llamado tristeza suele venir asociado a una situación de cambio o pérdida que puede adquirir mayor o menor valor, duración o intensidad dependiendo de la circunstancia concreta que ocasiona esa pérdida, o bien de la capacidad de sentir o aceptarla en cada uno de nosotros.

“-He perdido mi gotita de rocío- Dijo llorando la flor al cielo del amanecer que había perdido todas sus estrellas” (R. Tagore)

También existe una tristeza llamada “nostalgia” que es la provocada por el recuerdo de la felicidad pasada. En los románticos fados (típicas baladas portuguesas) hacen referencia a ella como “saudade”, el dolor por la añoranza del bien que se ha perdido.

La tristeza escribe lenta, pausada, con cadencia de cansancio y resignación. Sus renglones descienden o se dejan caer apesadumbrados, y los finales de línea tal vez también se desvanezcan. La presión será débil, a veces incluso rota. Como la tristeza suele ser hermana de la inseguridad, es probable que la inclinación del escrito se invierta hacia la izquierda, y reflejando el miedo al futuro inmediato, al “¿qué pasará ahora?”, al “¿qué será de mí?”, y al temor a que ese malestar perdure.

 

MIEDO

1miedo

“El miedo es como un fuego en nuestro interior. Si lo controlamos nos mantendrá calientes para seguir peleando. Pero si no lo controlamos se extenderá y nos devorará, y también a quienes amamos” (Rocky Balboa)

El miedo es la emoción que nos alerta de una amenaza de peligro, provocando una fuerte reacción fisiológica que nos prepara para la acción. Cuando sentimos miedo ante una situación, el corazón y la respiración se nos aceleran, temblamos, y un extraño sudor frío nos invade el cuerpo, colocándolo en posición de defensa. El miedo puede ser también instantáneo, como consecuencia de una amenaza concreta y puntual, o puede ser un miedo duradero y un tanto más sereno ante alguna situación vital prolongada en el tiempo que nos imprima temor o inseguridad.

La mano que escribe con miedo es una mano insegura y además tiembla, por tanto su escritura tendrá una cadencia sumamente irregular, sofocada, con rasgos interrumpidos, temblorosa, con presión débil o rota y con variabilidad en la inclinación de las letras y la dirección de los renglones. Al sentirse la mano autora amenazada, su ser se verá disminuido y así también su escritura, que será pequeña y quizás rebajada, apocada y estrecha. Aparecerán también “pasillos” verticales (coincidencia de espacios blancos entre palabras, en dos o más renglones) a lo largo del escrito, y “fantasmas” (amplios espacios blancos) en el margen derecho, síntomas de temor y ansiedad.

 

IRA

1ira

La explosión de la ira salta ante una situación repentina, inesperada e indeseable, que nos limita intencionadamente en aquello que deseamos o queremos. Cuando nos enfadamos, es casi siempre por algo o alguien que está poniendo cortapisas a nuestra satisfacción de una necesidad o que hiere nuestro sistema de valores; sentimos amenazado algo nuestro y por eso saltamos, nos revelamos, y el chispazo enciende el fuego en nuestro interior. Este ardor se manifiesta con tensión muscular, respiración y corazón acelerados, y un sudor frío muy similar al del miedo. Pero, al contrario que el miedo, la ira no nos paraliza sino que nos arrebata aún más.

La mano crispada por la ira se pone rígida, con lo que si escritura puede ser torpe, entrecortada, irregular y, sobre todo, muy presionada, con presencia de rasgos angulosos, con forma de cuchillos, con ganchos y acerados, principalmente en las barras de la “t” que pueden dispararse sin control, así como los trazos verticales que se marcarán tajantes.

Sandra M. Cerro (www.sandracerro.com)

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